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Fotorama: Coiffeur + Javier Barría

La vida no siempre es justa. Quizá eso es lo que a veces piensa Coiffeur, quien tiene un talento y una calidad enormes, y a pesar de eso sigue tocando en lugares chicos, sin mucha difusión. Funciona todavía como un secreto, aunque ya es como la quinta vez que viene a Chile. No es justa la vida porque el argentino tiene las armas para compararse con gigantes como José González: hace con la guitarra lo que quiere, afinándola de ida y vuelta y metiéndole unos arpeggios imposibles, unos armónicos que funcionan como efectos especiales y los rasgueos de cabalgata que todavía recuerdan sus comienzos.
Fotos: Rossana Santoni y Rodrigo Castro
Pero quizá a Coiffeur le gusta así, tocar con poca gente, pero que es gente que tiene sus canciones clavadas como un resumen de la adolescencia, la mejor explicación de las cosas lindas que no siempre salen bien. Música mamona si es que no te identifica, pero que si te pilla en invierno y con conflictos es todo lo que necesitas para compartirla o seguir sufriendo.
Y además Coiffeur tiene tanto poder sobre sus creaciones que sin asco modifica tiempos, tonos, ritmos y letras, y los hits que muchos esperaban estaban distintos y ahora significaban otra cosa: ya no era un romance a full y vertiginoso, sino a lo mejor el recuerdo de algo que se murió pero que cuesta sacarse de la cabeza.
Javier Barría, que abrió la cosa, estuvo bien en lo suyo: letras directas, sonidos que se mantienen y alguna armónica por ahí generando ambiente. Igual se dio cuenta que la mayoría fue a ver al argentino, y con una actitud que muchos deberían copiar, no se hizo la estrella, tocó temas precisos y se despidió respetado.
Estas son algunas imágenes de lo de ayer sábado, en el lanzamiento del Segundo Festival de Solistas en Solitario: un Coiffeur que no se podía ir ante los aplausos que no se acababan y que al final terminó tocando lo que le pedían. Algo que, mientras siga siendo un secreto, va a poder seguir haciendo.
Para ver más fotos, revisa nuestro Flickr.

Javier Barría empezó, tocando canciones de ayer, hoy y mañana. El tipo es una fábrica de temas.

También le hizo a la armónica en un par de temas, saltándose la regla de un hombre y un instrumento.

Y apareció Coiffeur, que a pesar de un problema técnico al principio, dio una cátedra de versatilidad.

Al final, el setlist que tenía preparado se fue al carajo: lo alargó hasta tocar todas las canciones que se acordaba.

Como que los dedos flotaban en la guitarra, y parecía que sin ningún esfuerzo alcanzaba las posturas más difíciles. Un máster.

Y no sólo en la guitarra. Cantando también estuvo impecable, dándose el lujo de hacer jueguitos vocales.

Aunque muchos clásicos, como Crujen o Al Oído, los tocó distinto, igual algunos salieron como en los discos: rápidos y al galope.

Más de una hora terminó tocando, con todo el mundo abrazado o feliz o con pena, pero satisfechos.









2 comentarios:
Marcela Angulo el 20 Octubre 2009 a las 1:54
Que genial!!!! no habia visto esas fotos… amo a Javier y pronto estara de vuelta en Osorno…..
2nelson el 19 Julio 2009 a las 17:45
fue muy lindo , emotivo y todo >.< me encantaria volver a sentir esa sensacion
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